Evangelio para hoy viernes 14 octubre
Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,1-7):
En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban
hasta pisarse unos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus
discípulos:
«Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su
hipocresía. Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido
que no llegue a saberse. Por eso, lo que digáis de noche se repetirá a pleno
día, y lo que digáis al oído en el sótano se pregonará desde la azotea. A
vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero
no pueden hacer más. Os voy a decir a quién tenéis que temer: temed al que
tiene poder para matar y después echar al infierno. A éste tenéis que temer, os
lo digo yo. ¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo
se olvida Dios. Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados. Por lo tanto,
no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones.»
Palabra del Señor
Comentario al Evangelio
Jesús quiere prevenirnos de la hipocresía, que es como una
levadura que fermenta la masa y la hace crecer. La levadura tiene la virtud de
hinchar la masa, pero, en verdad, no hace más que introducir en ella aire y
vacío. Las enseñanzas de los fariseos no son de fiar. Y no lo son porque ellos
no son testigos de lo que predican. Sus palabras no se sostienen con su vida.
Predican una cosa y hacen otra. Hablan de Dios y someten a los sencillos con
normas, leyes y preceptos que ellos mismos no cumplen. Y además, que todavía es peor,
lo hacen en nombre de Dios, haciendo que los corazones creyentes de los
sencillos se sientan obligados a cumplir una difícil ley y a vivir sometidos a
ellos. Ellos son los maestros e
intérpretes de la Ley. Ellos tienen la llave, los demás, están obligados a
obedecer. Ellos son los que dictan a los demás lo que han de hacer para
salvarse. A veces los cristianos también obramos así, como aquellos fariseos.
Sin embargo, Jesús no pide ni cumplimientos ni sometimientos
a leyes injustas que hacen al hombre menos hombre. Él quiere que los que buscan
a Dios tengan confianza. Dios es el dueño de todo. Todo lo tiene sometido a su
control. Nada escapa de su mano. No hay nada que temer. Como decíamos ayer,
estamos en manos de su bondad y él tiene un plan: que nadie se pierda de su
mano.
La fe y la confianza en Dios nos lleva a vivir como hijos y,
en consecuencia, como hermanos unos de otros. Primero la fe y la confianza.
Después, la consecuencia, la ley, la vida en consonancia con esa Buena Noticia
recibida.
Cuando Dios irrumpe en la vida de la persona con su gracia,
el corazón se siente feliz por descubrir el amor que el Señor nos tiene. Por
eso somos capaces de confiar en que él guía la historia y en que estamos en las
mejores manos que podemos estar. Evidentemente, esta gracia que se nos
manifiesta, no es para quedarnos extasiados y acurrucados en su seno. La gracia
nos impele y nos lleva a compartir aquello que hemos descubierto, a evangelizar
y contar a otros esa alegría descubierta. Y no solo con palabras, sino con
nuestra vida. De ahí que el amor de Dios nos convierte en testigos, en misioneros
de esa buena y sencilla noticia: somos hijos y hermanos. No nos podemos callar.
La mística francesa Madeleine Delbrel hablaba así de esta experiencia: “Como
Dios lo es todo, hay que llevarlo a todas partes”.
Te invito hoy a que pienses y saborees esta gran verdad: Si
has conocido a Dios, no te lo guardes, ten en cuenta de que Dios pertenece
siempre a aquellos que lo esperan. No dejes de ser testigo, en cualquier
momento o en cualquier cosa, por pequeña que te parezcas, de que Dios –y no un
código de conducta- es en verdad quien lleva tu vida y quien está
transformando tus criterios, tu conducta, tus valores, conformándolos más y más
con los suyos, llevándolos cada día un poco más hacia su lado.
Te deseo lo mejor para este día. Oremos unos por otros. Sin
duda, lo necesitamos.
Fernando Prado.
Santo del Dia
San Calixto papa
Cuando San Ceferino ascendió al Pontificado, en el año 199,
nombró a Calixto superintendente del cementerio cristiano de la Vía Apia, que
se llama actualmente cementerio de San Calixto. Se dice que el santo ensanchó
el cementerio y suprimió los terrenos privados; probablemente fue esa la
primera propiedad que poseyó la Iglesia. San Calixto fue ordenado diácono por
San Ceferino y llegó a ser su íntimo amigo y consejero.
San Calixto fue elegido por la mayoría del pueblo y el clero
de Roma para suceder a San Ceferino.
Los rigoristas encabezados por San Hipólito, se quejaban de
que San Calixto hubiese determinado de que el hecho de cometer un pecado mortal
no era razón suficiente para deponer a un obispo; que hubiese admitido a las
órdenes a quienes se habían casado dos o tres veces y que hubiese reconocido
las legitimidad de los matrimonios entres los esclavos y mujeres libres, lo
cual estaba prohibido por la ley civil. Por otra parte, Chapman llega a decir
que el santo fue una gran defensor de la sana doctrina y de la disciplina.
San Calixto fue sepultado en la Vía Aurelia, probablemente
martirizado.

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