Evangelio para hoy sábado 15 octubre de 2016
Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,25-30):
En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre,
Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y
entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha
parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más
que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se
lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo
os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi
carga ligera.»
Palabra del Señor
Comentario al evangelio
Hoy celebramos la memoria de Santa Teresa de Jesús. Mujer
práctica y decidida, donde las haya. Reformadora del Carmelo, a pesar de mucha
gente. Desde luego, seguro que la santa de Ávila tuvo la oportunidad de
experimentar en su vida que Jesús alivia los cansancios, que su yugo es
llevadero y su carga ligera. Luchando contra los prejuicios, contra la
incomprensión y contra la falta de perspectiva, Teresa logró cambiar cosas que
parecían intocables.
Sobre todo, no podemos dejar de notar que Teresa de Jesús
tuvo, durante muchos años, problemas con la oración. El que no haya tenido
nunca problemas con la oración, que tire la primera piedra… Pero, a pesar de
todo, perseveró, siguió rezando, y al final Dios le premió su perseverancia con
visiones místicas. Nosotros quizá no entendemos muy bien qué es eso de la
levitación y de la transverberación, pero sí podemos decidir si queremos seguir
rezando cada día o no. Podemos optar por pedirle a Jesús que nos ayude a
entender que nuestra carga es ligera, o podemos simplemente dejar de rezar,
pasar de todo y lamentarnos porque nuestra suerte es aciaga. Y, que no se nos
olvide, estas cosas les son reveladas a los sencillos y a los humildes. Santa
Teresa no tenía muchos doctorados y ningún master, pero es Doctora de la
Iglesia. Porque se abrió a la Sabiduría, para entender que no se puede vivir
dividido, un rato aquí, un rato allá, de 10 a 11 cristiano, en la iglesia, de
12 a 14 pagano, con los amigos, de 17 a 19 exaltado fan de un equipo de fútbol…
Somos una unidad, no podemos vivir en compartimentos estancos. Esto lo entendió
muy bien Teresa, y decidió ser sólo de Jesús. Termino con algunos pensamientos
de la Santa:
Darse del todo al Todo, sin hacernos partes.
Juntos andemos Señor, por donde fuisteis, tengo que ir; por
donde pasastes (sic en el original), tengo que pasar.
Todo el daño nos viene de no tener puestos los ojos en Vos,
que si no mirásemos otra cosa que el camino, pronto llegaríamos...
Es imposible... tener ánimo para cosas grandes, quien no
entiende que está favorecido de Dios
Fernando Prado.
Santo del día
Santa Teresa de Avila
Es bautizada el 4 de Abril del mismo año.
Desde muy pequeña manifestó interés por las vidas de los
santos y las gestas de caballería. A los 6 años
llegó a iniciar una fuga con su hermano Rodrigo para convertirse en
mártir en tierra de moros, pero fue frustrada por su tío que los descubre aún a
vista de las murallas.
Juegan entonces a ser ermitaños haciéndose una cabaña en el
huerto de la casa.
Reina entonces en España un espíritu de aventura y
conquista: parten guerreros a Flandes, conquistadores a América, y la
literatura vive de este espíritu. En manos de Teresa caen algunos de estos
libros y entonces ella sueña con ser una de las damas que se acicalan y
perfuman para sus galanes ilustres. El coqueteo le gusta, pues encuentra además
la complicidad de sus primas y la corteja un primo suyo.
Su madre muere en 1528 contando ella 13 años, y pide
entonces a la Virgen que la adopte hija suya. Sin embargo sigue siendo “…
enemiguísima de ser monja,” (Vida 2,8), y al ver su padre con malos ojos su
relación con su primo, decide internarla en 1531 en el colegio de Gracia,
regido por agustinas, donde ella echará de menos a su primo pero se encontrará
muy a gusto.
A medida que se hace mayor, la vocación religiosa se le va
planteando como una alternativa, aunque en lucha con el atractivo del mundo.
Su hermano Rodrigo parte a América, su hermana María al
matrimonio y una amiga suya ingresa en La Encarnación. Con ella mantendrá
largas conversaciones que la llevan al convencimiento de su vocación,
ingresando, con la oposición de su padre, en 1535.
Dos años después, en 1537, sufre una dura enfermedad, que
provoca que su padre la saque de la Encarnación para darle cuidados médicos,
pero no mejora y llega a estar 4 días inconsciente, todo el mundo la da por
muerta. Finalmente se recupera y puede volver a La Encarnación dos años despues
en 1539, aunque tullida por las secuelas, tardará en valerse por sí misma alrededor
de 3 años.
Muere su padre en 1544.
La vida conventual era entonces muy relajada con cerca de
200 monjas en el monasterio y gran libertad para salir y recibir visitantes.
Teresa tenía un vago descontento con este régimen tan abierto, pero estaba muy
cómoda en su amplia celda con bonitas vistas, y con la vida social que le
permitían las salidas y las visitas en el locutorio.
En la cuaresma del año 1554, contando ella 39 años y 19 como
religiosa llora ante un Cristo llagado pidiéndole fuerzas para no ofenderle.
Desde este momento su oración mental se llena de visiones y estados
sobrenaturales, aunque alternados siempre con periodos de sequedad.
Aunque recibe muchas visiones y experiencias místicas
elevadas, es una visión muy viva y terrible del infierno la que le produce el
anhelo de querer vivir su entrega religiosa con todo su rigor y perfección,
llevándola a la reforma del Carmelo y la primera fundación.
Esta primera fundación será una aventura burocrática y
humana con muchos altibajos: su confesor aprueba un día y reprueba otro, el
Provincial apoya con entusiasmo, para luego retirarse, y el Obispo que nunca
había dudado de Santa Teresa, llegado el momento titubea. En un momento parece
que todo fracasa y Teresa, siempre obediente, se retira a su celda sin nada
poder hacer, aunque Doña Guiomar de Ulloa y el Padre Ibáñez logran de Roma la
autorización.
Por obediencia parte entonces a Toledo varios meses, para
consolar a la viuda Luisa de la Cerda. Esta distancia favorecerá los progresos
del monasterio de San José de Ávila, que continúan con mayor discreción, a
escondidas, a pesar de los rumores. Regresará para encontrarse con el breve del
Papa.
Fundado el 24 de Agosto de 1562, encuentra una terrible
hostilidad, proveniente de la Iglesia que ve ninguneada su autoridad, se alzan
algunas voces pidiendo el derribo del nuevo convento, toda la ciudad está
alborotada, y Teresa debe abandonarlo dejando a las cuatro novicias solas, para
volver a su celda de La Encarnación. Sólo se podrá incorporar un año después de
su fundación, dejando la celda amplia y las comodidades de La Encarnación por
las estrecheces de San José de Ávila, pequeño y austero hasta el extremo.
Por mucho tiempo parece que la fundación de la nueva orden
tendría sólo este monasterio, hasta que Teresa vuelve a llorar al saber que las
necesidades de misiones en América son importantes. Escucha entonces en
oración: “…Espera un poco hija, y verás grandes cosas.”, y poco después le
llegan instrucciones y autorización para fundar más conventos.
Comienza aquí una intensa actividad de Santa Teresa que sólo
termina con su muerte, en la que compaginará el gobierno de su orden, con las
fundaciones de nuevos conventos y la redacción de sus libros, sin perder nunca
el buen ánimo ni la esperanza, en la confianza de que no era su voluntad lo que
estaba cumpliendo y que le llegarían los apoyos que necesitara, como así fue en
todo momento.
Fundó en total 17 conventos: Ávila (1562), Medina del Campo
(1567), Malagón (1568), Valladolid (1568), Toledo (1569), Pastrana (1569),
Salamanca (1570), Alba de Tormes (1571), Segovia (1574), Beas de Segura (1575),
Sevilla (1575), Caravaca de la Cruz (1576), Villanueva de la Jara (1580), Palencia (1580), Soria (1581), Granada (1582)
y Burgos (1582), en el año de su muerte.
La fundación de Granada la hizo Ana de Jesús, aunque en vida
de la Santa, por lo que no siempre aparece en las enumeraciones.
A estos conventos hay
que sumar el primero del Carmelo masculino que funda con San Juan de la Cruz en
Duruelo (1567). Santa Teresa conoció a San Juan de la Cruz en Medina del Campo
contando ella 52 años y él 24, y le convenció para unirse a la reforma,
olvidando sus planes de retirarse a la cartuja de El Paular.
Regresando de la fundación de Burgos, hace parada en Medina
del Campo, pero es requerida en Alba de Tormes por la Duquesa de Alba. Está
enferma y agotada. Muere en brazos de Ana de San Bartolomé la noche del 4 de
Octubre al 15 de Octubre de 1582 (y esto por coincidir con el cambio del
calendario Juliano al Gregoriano).
Muere sin haber publicado ninguna de sus obras, sin haber
logrado fundar en Madrid (a pesar de su ilusión), sin haber separado la orden
de descalzos de la de calzados y con dudas sobre si sus monasterios se podrían
mantener con el espíritu que ella infundió.
Teresa escribió muy poco por iniciativa suya, muchas cartas,
alguna poesía y anotaciones. Pero sus obras maestras son fruto de la obediencia
a sus superiores, que veían el interés de que escribiera sus experiencias y
enseñanzas. Y así comienza todos sus escritos mayores aceptando su encargo con
obediencia, pero con notable esfuerzo por su parte.
Escribir le supone un esfuerzo importante, lo hace, en
ocasiones, ocupando la otra mano con la rueca, tal y como ella explica: “… casi hurtando el tiempo y con pena porque me
estorbo de hilar y por estar en casa pobre y con hartas ocupaciones” (Vida 10,7)
La Inquisición vigiló muy de cerca sus escritos temiendo
textos que incitaran a seguir el cisma iniciado en Europa, o se alejaran en
algún punto de la recta doctrina. Muchos de sus textos están autocensurados,
temiendo esta vigilancia. Su manuscrito “Meditaciones Sobre El Cantar de los
Cantares” lo quemó ella misma por orden de su confesor, en una época en que
estaba prohibida la difusión de las Sagradas Escrituras en romance.
Su vida es fiel reflejo de lo que avisaba a sus monjas: que
las gracias recibidas en la oración son para darnos fuerza en servir a los
demás. Aunque Teresa es conocida por lo elevado de las gracias místicas y
visiones que recibe, su oración no la aparta del mundo, sino que hace que se
entregue con especial fuerza y respaldo a las obras que le son encomendadas
sufriendo en viajes, discusiones y continuas trabas, burlas y desplantes de sus
contemporáneos.
Fue beatificada por Pablo V en 1614, canonizada por Gregorio
XV en 1622, y nombrada doctora de la Iglesia Universal por Pablo VI en 1970. La
primera mujer de las tres actuales doctoras de la Iglesia. Las otras son Santa
Catalina de Siena y otra carmelita descalza: Santa Teresita del Niño Jesús.

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