Evangelio para hoy miércoles 12 de octubre de 2016
Lectura del santo evangelio
Según san Lucas (11,27-28)
En aquel
tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó
la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te
criaron.»
Pero él
repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.
Palabra del Señor
Comentario al Evangelio
Hoy, con este
breve Evangelio, notamos el sabor del pueblo sencillo que —admirado por la
figura de Jesucristo— se expresa de una forma espontánea por boca de una mujer:
«¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!» (Lc 11,27). Este
piropo que a través de Cristo se dirige a María, el Señor lo acepta complacido,
pero prefiere añadir algo: «Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y
la guardan» (Lc 11,28).
Se podría
decir que se añade una nueva bienaventuranza, la de la Palabra, que constituye
al mismo tiempo un nuevo piropo a María Santísima, esta vez por parte de su
Hijo. Porque Ella fue la primera que escuchó y aceptó la Palabra de Dios en el
anuncio del Ángel con su “fiat” incondicional. Su «Hágase en mí según tu
palabra» (Lc 1,38) fue un asentimiento de fe que abrió todo un mundo de
salvación. Como dice san Ireneo, «obedeciendo, se convirtió en causa de
salvación para sí misma y para todo el género humano».
Esta
bienaventuranza de la Palabra nos recuerda también aquel otro pasaje
evangélico, en el que Jesús llama familiar suyo a todo el que escucha la
Palabra de Dios y la pone en práctica: «Mi madre y mis hermanos son aquellos
que oyen la Palabra de Dios y la cumplen» (Lc 8,21).
María es
Madre de la Iglesia. María es Madre de todos los que sinceramente aceptan la Palabra
de Dios e intentan cumplirla alegremente como hijos suyos. La altura que la
Virgen alcanza en la fe, mediante la escucha y la práctica de la Palabra de
Dios, la convierte en un claro ejemplo de fe para el discípulo de Cristo. La
figura de María nos enseña que creer en la Palabra de Dios (escucharla y
practicarla) supone un cambio radical en nuestra vida diaria.
Pablo Casas
Nuestra señora del pilar
Según
documentos del siglo XIII, el Apóstol Santiago, El Mayor, hermano de San Juan,
viajó a España a predicar el evangelio (año 40 d.C.),
Y una noche
la Virgen María se le apareció en un pilar.
La tradición
nos cuenta que Santiago había llegado a Aragón, el territorio que se llamaba
Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, y una noche, estando en
profunda oración junto a sus discípulos a orillas del río Ebro, la Santísima
Virgen María se manifestó sobre un pilar, acompañada por un coro de ángeles,
(ella aún vivía en Palestina).
La Virgen le
habló al Apóstol pidiéndole que se le edificase ahí una iglesia con el altar en
derredor al pilar y expresó: "Este sitio permanecerá hasta el fin del
mundo para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión
con aquellos que imploren mi ayuda".
El lugar, ha
sobrevivido a invasiones de diferentes pueblos y a la Guerra Civil española de
1936-1939, cuando tres bombas cayeron sobre el templo y no estallaron. También
se cree que la Virgen le dio al Apóstol una pequeña estatua de madera. Luego de la aparición, Santiago junto a
sus discípulos comenzaron a construir una capilla en donde se encontraba la
columna, dándole el nombre de "Santa María del Pilar". Este fue el
primer templo del mundo dedicado a la Virgen. Después de predicar en España,
Santiago regresó a Jerusalén. Fue ejecutado por Herodes Agripas alrededor del
año 44 d.C. siendo el primer apóstol mártir, luego del suceso sus discípulos
tomaron su cuerpo y lo llevaron a España para su entierro. Siglos después el
lugar fue encontrado y llamado Compostela (campo estrellado).
El primer
santuario sobre la tumba de Santiago, la ordenaron construir el rey Alfonso II, El Casto de
Asturias, y el obispo Teodomiro en el
siglo IX. Hoy se encuentra una magnífica
catedral en sitio.

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