Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,9-14):
En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se
sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta
parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un
publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te
doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni
como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que
tengo." El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a
levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh
Dios!, ten compasión de este pecador." Os digo que éste bajó a su casa
justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el
que se humilla será enaltecido.»
Palabra del Señor
Comentario al evangelioEl que se enaltece será humillado
Aunque pueda parecer una cuestión redundante a veces los
cristianos tenemos que preguntarnos a qué se debe nuestra necesidad de Dios;
para qué necesitamos Dios. Podemos actuar como si opinásemos que es simplemente
un juez que dictamina lo que está bien y lo que está mal y por ello que con
nuestras propias fuerzas podemos llegar a la salvación. O podemos reflexionar
sobre la necesidad viva de su Gracia paternal que nos purifica y nos perdona,
regenerándonos y dándonos una nueva vida. Si pensamos la primera opción nos
situaremos frente a Él como el fariseo que rinde cuenta de sus virtudes,
tranquilo y orgulloso por ser todas ellas excelentes. Si vivimos la segunda
dejaremos nuestra vida abierta al silencio sanador de su persona como el
publicano, y esperaremos que su acción en nuestro silencio nos justifique y
llene de sentido.
Fr. Alejandro López Ribao
Santo del día
San Juan Cipriano
santo
Nació en Capistrano, diócesis de Sulmona, Italia, en 1385.
Hijo de un caballero francés o alemán que murió cuando Juan
era joven.
Estudió con esmero en la Universidad de Perugia (Cerca de
Asís).
Fue abogado y juez. En 1412 fue nombrado gobernador de
Perugia por Landislaus rey de Nápoles, quien tenía control de esa ciudad. Luchó
contra la corrupción y el soborno.
Cuando estalló la guerra entre Perugia y Malatesta en 1416,
Juan trató de conseguir la paz, pero en vez lo tomaron prisionero de guerra. En
la cárcel decidió entregarse del todo a Dios. Tuvo un sueño en el que vió a San
Francisco que le llamaba a entrar en la orden franciscana. Juan se había casado
justo antes de caer preso, pero el matrimonio nunca se consumó y fue declarado
anulado.
Entró en la orden franciscana en Perugia el 4 Octubre de
1416. Tenía 30 años por lo que el maestro de novicios lo puso a prueba dándole
los mas humildes oficios.
Fue discípulo de san Bernardino de Siena quien le enseñó
teología. Se distinguió como predicador aun siendo diácono. Ordenado a los 33
años. Por 40 años fue predicador itinerante por Italia y otros países. Una vez
en Brescia (Italia) predicó a una multitud de 126,000 personas que habían
venido de las provincias vecinas. Por su radical llamada a la conversión y su
sencillez, la gente lo relacionaba con San Juan Bautista. Traían las cosas de
superstición y ocultismo y las quemaban en hogueras públicas. Tenía gran fama
por su don de curación y le traían a los enfermos para que les haga la señal de
la cruz. Como San Bernardino, propagó la devoción al nombre de Jesús, por lo
ambos, junto con otros franciscanos, fueron acusados de herejes. El defendió al
grupo con éxito.
Muchos jóvenes le seguían a la vida religiosa. Estableció
comunidades franciscanas. Escribió extensivamente, sobre todo contra las
herejías de su época. Muchos de sus sermones se conservan.
Dormía y comía poco. Hacía mucha penitencia.
Dos veces la comunidad franciscana lo eligió como vicario
general. En visita en Francia conoció a Sta. Colette, reformadora de la orden
de las clarisas, con la que simpatizaba.
Juan tenía gran don para la diplomacia. Era sabio y
prudente, sabiendo medir sus palabras para que estas sirvan la voluntad de
Dios. Cuatro Pontífices (Martín V, Eugenio IV, Nicolás V y Calixto III) lo
emplearon como embajador en muchas y muy delicadas misiones diplomáticas con
muy buenos resultados. Tres veces le ofrecieron nombrarlo obispo de importantes
ciudades pero prefirió seguir siendo un pobre predicador.
Fue nuncio apostólico en Austria donde predicó
extensivamente y combatió la herejía de los husitas. También predicó con gran
fruto en Polonia, invitado por Casimiro IV.
Los cruzados defienden Europa
En 1451 el Sultan Mahoma II se lanzó una campaña con el fin
de lograr la conquista de Europa. Conquistó a Constantinopla en 1453 y entonces
se preparó para invadir a Hungría. En 1454 Servia cayó en sus manos. Las
noticias procedentes Servia eran horribles: quienes se resistían a renunciar a
Cristo eran torturados. Todo lo que fuese cristiano era destruido o confiscado.
En 1454 Juan Capistrano participó en la dieta de Frankfort y
se dispuso a preparar la defensa de Hungría. Fue a Hungría y predicó una
cruzada en defensa de la cristiandad. A la edad de 70 años el Papa Calixto II
lo comisionó para dirigirla. En Szeged unió el ejercito de campesinos que había
reunido con el ejército de Hunyady y ambos se dirigieron a Belgrado. Se decía
que los cuarteles parecían casas de religiosos mas que campamentos militares
porque en ellos se rezaba y se predicaba la virtud. Se celebraba misa diaria. A
Juan Capistrano le tenían un gran respeto.
Batalla de Belgrado, 1456, salva a Europa de los musulmanes.
Los musulmanes atacaban a Belgrado Contaban con 200 cañones,
50,000 de caballería y una gran flota que penetró por el río Danubio. Ante la
superioridad de las fuerzas enemigas, los cristianos pensaban retirarse. Pero
intervino Juan de Capistrano convenciendo a Hunyady a que atacara la flota
turca a pesar de ser mucho más numerosa. En el momento en que los defensores de
la ciudad se iban a retirar dándose por vencidos, Juan los animó llevando en
sus manos una bandera con la cruz y gritando sin cesar: "Jesús, Jesús,
Jesús". Recorrió todos los batallones gritando entusiasmado:
"Creyentes valientes, todos a defender nuestra santa religión". Juan
nunca utilizó las armas de este mundo sino la oración, la penitencia y la
predicación.
Mientras se luchaba en Belgrado, el Papa pidió rezar el
Angelus por la victoria. Los musulmanes fueron vencidos y tuvieron que
retirarse de la región. Así se ganó la batalla de Belgrado el 21-22 de julio de
1456.
San Juan de Capistrano había ofrecido a Dios su vida por
salvar la cristiandad. Dios le aceptó su oferta y pronto murió junto con
Hunyady víctimas del tifo. Los cadáveres de los muertos en batalla causaron una
epidemia de tifo que también contagió al santo que ya estaba débil y anciano.
Murió en Villach, Hungría, unos meses mas tarde, el 23 de octubre.
En Estados Unidos su nombre es famoso por la misión
franciscana en California que lleva su nombre.

No hay comentarios :
Publicar un comentario